Allí estaba, en la puerta del Polo Digital de Málaga, la antigua tabacalera, junto con más de 260 personas más, sin saber qué nos esperaba. Mirabas a tu alrededor y veías mucha gente joven y poca gente de tu edad. Tras una primera charla de “Ledesma”, una charla para tranquilizar a la tropa, subimos a la primera planta donde nos esperaban los clusters, iMacs, otros compañeros, alumnos, staff, etc. Nadia sabía nada; todos éramos piscineros, jajaja, no sabíamos qué nos esperaba.

En la cola para entrar conocías a gente, o por lo menos lo intentabas. Allí conocí a Eva y a Ezequiel, dos compañeros que me ayudaron esos primeros días de asentamiento, a retomar esa pasión por la programación, los ordenadores, la tecnología. Se sentía en el ambiente el nerviosismo, la excitación de no saber qué iba a pasar. En fin, no contaré mucho más: “UP2U”, una frase que escucharás mucho.

Fueron pasando los días, los primeros días me sentía desplazado, inadaptado, como si aquel no fuera mi lugar. Gracias a Ezequiel y Eva, esos primeros días conseguí coger el ritmo y situarme, pero seguía sintiendo que no era mi lugar. Hablando con mi esposa, le dije que pensaba irme a casa, que no terminaba de ver el camino, y me dijo: “No vuelvas, que no te voy a abrir la puerta. Termina lo que has empezado”. Era el 4 o el 5 día, no recuerdo bien, cuando tuve esa conversación; eran las diez de la noche y estaba en la caravana, como cada noche la llamaba para contarle cómo me había ido el día y las cosas que me iba sucediendo, después de casi 20 años juntos, era la primera vez que no dormíamos juntos. Le decía que había mucha gente joven y que no se acercaban ni a pedir ayuda ni a hablar, sentía que la gente rehuía de mí, y ella me dijo, como siempre, con toda su sinceridad: “Normal, tienes que ser consciente de que tienes aspecto de portero de discoteca y que no se te va a acercar mucha gente”, después de todo llevaba trabajando de jefe de tráfico en una empresa de ambulancias 16 años y mi día a día era que los compañeros me llamarán o me buscaban para seguir con el trabajo o para solucionar los problemas que aparecían en el día a día.

Aquello me hizo clic en la cabeza, y después de terminar de hablar con ella estuve un rato pensando y me quedé dormido. Como los días anteriores, me levanté a las 7:00, me preparé, cogí el portátil, la bicicleta, el desayuno y fui a 42. Empecé a observar a un “pive”, jajaja, un gran amigo que es ahora, Brian; como se relacionaba con todo el mundo; además, es un poco más joven que yo. Se relacionaba y hablaba con todo el mundo con una facilidad pasmosa. Decidí fijarme en cómo lo hacía y decidí aprender de él. Lo observé e imité, y hasta el día de hoy. Me ayudó a seguir y a continuar allí en 42, a día de hoy puedo decir que gracias a el yo continúe en 42 y volvía a sacar esa habilidad social que todos tenemos y que por circunstancias de la vida la apartamos o escondemos. No subestimes el poder del compañerismo, del equipo y de la cooperación.

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