Durante estos increíbles 26 días que pasé inmerso en la experiencia, viví un proceso que actualmente sigo desarrollando, mi transformación laboral. Al principio, confieso que sentí cierta desubicación; es normal cuando te enfrentas a un reto tan intenso y sientes que el entorno es nuevo para ti. Sin embargo, fue gracias a la ayuda de los compañeros, quienes me dieron el empujón necesario, como pude recuperar el equilibrio y dejar atrás ese estado de incertidumbre, desubicación y desánimo inicial.
Poco a poco, esos días comenzaron a transcurrir con mucha más claridad. Empecé a coger el ritmo de los proyectos, entendiendo la dinámica laboral propia de este tipo de formación acelerada, hay que recordar que estos 26 días son una prueba para acceder a la formación en sí. Comencé a aprender que tenía que hacer, a trabajar en el desarrollo de los proyectos y, lo más importante, aprender a cooperar, auto evaluarme y evaluar a mis compañeros. Este ciclo de retroalimentación es vital: no solo mejora la calidad del trabajo final, sino que sirve para un aprendizaje profundo, fomentando la responsabilidad individual dentro de un equipo colectivo.

Pero la experiencia no se limitó a las aulas o al desarrollo técnico. Empecé a participar en eventos internos, asistir a reuniones estratégicas con empresas externas y vivir momentos de intensa competitividad amable, como las «batallas de las coaliciones». Esos momentos de diversión y presión son donde forja el equipo. Jajaja, no os voy a mentir: uno de los mejores días lo tuvimos en una batalla donde mi compañero Jorge y yo nos tocó cantar contra la otra coalición. Yo, que ni tenía ni idea de cantar, me senté junto a él para la «batalla» y lo pasamos genial. Imaginaros: a un novato como yo cantando junto a alguien con talento artístico y musical que da miedo escucharlo en vivo… fue una experiencia surrealista pero llena de risas. Ese día marcó un punto de inflexión donde el aprendizaje técnico se mezcló con la convivencia humana.
Finalmente, empecé a conocer a gente de todo el mundo, interactuando con personas de otros países e idiomas. Fue una experiencia increíble, muy intensa y, por momentos, agotadora. Hay que ir preparado para este tipo de retos, porque la intensidad física y mental es real, pero las recompensas superan con creces al esfuerzo. Es difícil describir todo el valor de vivir esto a través de un texto; hay que experimentarlo para entender la magnitud del cambio personal y profesional que genera una experiencia tan intensa y enriquecedora como esta en Málaga con Fundación Telefónica.
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